La fundación, que ocupa una casa señorial situada en la calle Montesquinza y construida a comienzos del siglo XX por Joaquín Saldaña para el duque de Plasencia, alberga más de 8.000 dibujos de Foster: desde un silo de Manchester fechado en 1958 hasta los croquis del nuevo aeropuerto de Ciudad de México, cuya construcción ya ha comenzado. Pero el edificio no sólo contiene toda una vida de trabajo; el arquitecto ha concebido la fundación como una suerte de taller para encontrar respuestas a los retos que nos plantea el futuro a través de la colaboración de arquitectos, urbanistas, ingenieros medioambientales, diseñadores y artistas.

En algunas salas de las cuatro plantas del inmueble original se disponen el archivo y la colección de maquetas de Foster, mientras que en otra construcción nueva, transparente y de una sola planta, conocida como el Pabellón, el visitante encuentra una serie de objetos de distinta naturaleza que han servido de inspiración para el arquitecto en su trabajo. La marquesina de la escultora Cristina Iglesias que protege el patio de entrada y ofrece sombra al Pabellón es una muestra más de esa búsqueda de dialogo entre arquitectura y arte.

Como contrapunto a la presencia pétrea del inmueble histórico, el Pabellón es enteramente cristalino: muros de vidrio laminado y cubierta de fibra de vidrio en forma de ala de avión conforman un nuevo edificio que no parece necesitar apoyos y que busca potenciar los efectos cambiantes de la luz. No sorprende que Foster, un pionero en la tecnología del vidrio aplicada a la arquitectura, haya querido dejar su impronta innovadora en la arquitectura aristocrática del palacete.

El gran paño de vidrio del patio más próximo a la entrada es en sí mismo una puerta que pesa 2,7 toneladas y mide 6 metros de longitud. Cuando ese portal se abre, los ambientes exterior e interior se convierten en uno solo que propicia el encuentro y la confluencia.

El trabajo con los artesanos del metal y el vidrio ha sido clave para desarrollar una combinación de esbeltas secciones de acero inoxidable granallado con bordes de espejo pulido que desmaterializan el volumen de las estructuras de soporte.

El diseño detallado y la construcción del pabellón se han llevado a cabo en seis meses, y ello ha sido posible porque se han prefabricado todos los elementos. El alto rendimiento de la envolvente de vidrio, el sistema de climatización por suelo radiante, la sombra exterior que procura la marquesina y la iluminación LED de última generación forman parte de la filosofía sostenible que está detrás del proyecto.

Junto con BAUproyectos, Empty ha actuado como contratista general de la fundación: remodelación del edificio existente, y construcción del nuevo pabellón de vidrio, fijación de la marquesina de Cristina Iglesias y jardinería exterior. Además, fabricación de todo lo relacionado con la exposición de objetos —vitrinas, mesas diseñadas ex profeso para maquetas, otros soportes…— e instalación de los propios objetos en sus respectivas localizaciones.